LA VOZ DE LA SALUD< DE LA BOCA AL CORAZON ASI ES LA RELACION ENTRE LA PLACA DENTAL Y LA ARTERIAL<
La conexión llega hasta el intestino, donde se ha confirmado que existen ciertos metabolitos que conectan la microbiota con el sistema cardiovascular
Una nueva declaración científica de la Asociación Americana del Corazón, publicaba en la revista Circulation, detalla cómo la salud bucal puede afectar a la cardiovascular. Una relación que ya se conocía, pero de la que cada vez existe más evidencia: la enfermedad de las encías se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica (acumulación de placa en las arterias), principal causa de muerte a nivel mundial y que se atribuye a afecciones como infartos, ictus y enfermedad arterial periférica.
Pero la conexión va más allá, llegando al intestino. «La microbiota intestinal también tiene una relación directa. Hay algunos metabolitos que conectan la microbiota, el corazón y los vasos sanguíneos», confirma Clara Bonanad Lozano, vocal de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) e investigadora. Tanto la inflamación que se produce en la boca como la del aparato digestivo entran dentro de los factores de riesgo cardiovasculares emergentes, es decir, condiciones menos conocidas hasta ahora, pero que también incrementan la posibilidad de sufrir enfermedades del corazón, sumándose a los clásicos como la hipertensión, la diebetes, la hipercolesterolemia y el consumo de tóxicos.
El inicio: la acumulación placa dental
Elena Fortuny, también vocal de la Asociación de Cardiología Clínica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), confirma que existía mucha evidencia histórica de que hay relación entre la boca y el corazón. «De hecho, una de las enfermedades que más nos puede alertar a los especialistas es la endocarditis, una infección de las válvulas del corazón que, a veces, incluso requiere cirugía. Y uno de los focos posibles son las infecciones a nivel bucal».
Así, «la periodontitis ha dejado de considerarse un problema solo de la boca para entenderse como una posible fuente añadida de inflamación», avanza la vocal de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), Olalla Argibay. Si la placa se acumula puede inflamar las encías, dar primero lugar a la gingivitis y, con el tiempo, a periodontitis, una enfermedad inflamatoria crónica que destruye el tejido blando y el hueso que sostiene los dientes. «Cuando las encías están inflamadas, las bacterias pueden pasar al torrente sanguíneo y contribuir a que los vasos pierdan su función normal. Este deterioro favorece la acumulación de grasa en las arterias y aumenta el riesgo de infarto o ictus», añade.
La enfermedad periodontal es más común en las personas con mala higiene bucal y otros factores de riesgo cardiovasculares, como hipertensión, sobrepeso, obesidad, diabetes o tabaquismo. «Y lo que nos traslada esta investigación no es que este mayor riesgo venga dado por la acumulación de todos estos factores, sino que la periodontitis, per se, ya la está aumentando», asegura Fortuny. Aunque la enfermedad periodontal y la cardiovascular aterosclerótica comparten factores en común, los nuevos datos indican que existe una relación independiente entre las dos afecciones. «Los potenciales mecanismos biológicos que vinculan la enfermedad periodontal con resultados cardiovasculares deficientes incluyen vías directas, como bacterias en la sangre e infecciones vasculares, y también vías indirectas, como la inflamación sistémica crónica», alertan desde la entidad americana.
La prevención y el papel que juega el nivel socioeconómico
«Prevenir la formación de placa dental es relativamente sencillo y se considera una de las medidas de salud más eficaces y rentables», sostiene Argibay, que enumera hábitos como cepillarse los dientes al menos dos veces al día durante dos minutos, limpiar a diario los espacios entre os dientes donde el cepillo no llega, reducir el consumo de azúcares y evitar el tabaco, y acudir de forma regular al dentista, sobre todo en personas con mayor riesgo.
Como norma general, las revisiones dentales deben realizarse, al menos, una vez la año. «No obstante, en personas con periodontitis, fumadores o pacientes con diabetes o enfermedad cardiovascular, estos controles deben ser más frecuentes, cada tres a seis meses. Este seguimiento regular permite detectar problemas a tiempo y evitar que las enfermedades avancen de forma más silenciosa, sin síntomas evidentes. En la actualidad, las clínicas dentales se conciben como espacios de prevención de la salud general, y no únicamente como lugares donde tratar dientes y encías», detalla la periodoncista.
Sin embargo, en España, el correcto cuidado de la boca requiere un desembolso por parte del paciente. «Se sabe que uno de los factores que está asociado tanto con periodontitis como con enfermedad cardiovascular es el nivel socioeconómico bajo. Al final, este tiente impactos en múltiples niveles: este paciente va a ir menos al dentista, cuidarse menos la boca, pero también es posible que coma peor, haga menos ejercicio y se someta a menos revisiones médicas», apunta Fortuny.
La salud del corazón también se ve en el intestino
En los últimos años, se ha puesto muy de relieve el análisis de la microbiota intestinal, los microorganismos que viven en el intestino, y se ha visto que hay una relación directa con las enfermedades cardiovasculares. «Porque, de alguna manera, el intestino actúa como un órgano metabólico e inmunológico, porque transforma los componentes de la dieta, lo que ingerimos, en metabolitos que pasan a la sangre», indica Bonanad. Por lo que podría hablarse de la relación entre la boca, al sistema digestivo y de ahí, al corazón.
«Todo esto modula la inflamación sistémica e influye en el metabolismo de los lípidos, el colesterol, que es muy importante en la formación de la placa de ateroma; la glucemia, que también es importante como comorbilidad como la diabetes en el paciente cardiovascular; al igual que puede afectar a la presión de los vasos sanguíneos e incluso influir en la trombosis», amplía la cardióloga.
Cabe diferenciar entre esta inflamación sistémica y la aguda, ya que esta última resulta positiva en contextos de curación. «Por ejemplo, si sufrimos un infarto existe una inflamación aguda que ayuda, pero cuando existen una serie de comorbilidades asociadas y relacionadas, como por ejemplo, un paciente con sobrepeso y enfermedad renal, estas se suman y pueden acabar perpetuando en inflamación crónica». Se le conoce como «de bajo grado», pero perpetúa y produce daños a órganos colaterales.
De esta forma, existen algunos metabolitos que conectan microbiota, corazón y vasos sanguíneos y que pueden mandar «avisos» de que algo no va bien. «Hay asociaciones que están más estudiadas y otras menos», confiesa Bonanad. Por ejemplo, el TMAO (N-óxido de trimetilamina), un metabolito producido por las bacterias intestinales; unos niveles elevados se asocian con un mayor riesgo cardiovascular. Si bien «aunque se haya visto esta asociación con un mayor riesgo, no significa ni se le puede atribuir automáticamente que sea una causa única, puede ser marcador de algunos patrones dietéticos y otras comorbilidades».
Teniendo este en cuenta, el equipo de David Sancho, jefe de laboratorio de Inmunobiología del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), se plantearon encontrar más metabolitos que alertasen de modo precoz de la ateroesclerosis. «Apareció uno nuevo, el propionato de imidazol (ImP). Lo más interesante es que se vinculaba con un tipo de ateroesclerosis antiinflamatoria en particular, que llamamos activa, donde la placa tiene más riesgo y puede romperse y, por tanto, formar un coágulo, dando lugar a un infarto o a un ictus».
Los hallazgos abren nuevas posibilidades para el diagnóstico precoz, ya que hasta ahora, las pruebas requerían de técnicas de imagen avanzada complejas y costosas. «Sin embargo, si logramos desarrollar un ensayo de cuantificación de imidazol propionato en análisis de sangre, se podría hacer un cribado y podríamos intentar desarrollar kits estandarizados».
Sancho menciona, también, posibles vías terapéuticas personalizadas. El propionato de imidazol activa un receptor, generando un aumento de la inflamación sistémica que contribuye al desarrollo de la aterosclerosis. Pero el uso de bloqueantes contra este receptor podría reducir la progresión. Si bien, el líder de este estudio publicado en la revista Nature, es cauto: «Todo esto está en progreso, son estudios que todavía requieren un par de años para poder confirmarlo».
La prevención
«Hablo desde una percepción que es mi visión clínica, ya que tengo un componente de cardióloga clínica investigadora, pero cada vez más, queremos estudiar factores de riesgo emergentes porque no nos explicamos cómo se producen las enfermedades cardiovasculares en algunos pacientes donde no nos encontramos los factores de riesgo clásicos», opina Bonanad.
La dieta es, por todo lo expuesto, «uno de los moduladores más potentes de la microbiota y un determinante directo del riesgo cardiovascular; por eso, nosotros siempre insistimos en que lleve a cabo una dieta rica en fibra, en legumbres, frutas, verduras y cereales integrales, para favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta que son unas fibras protectoras del intestino. También más pescado y carnes blancas y evitar los alimentos ultraprocesados», detalla la cardióloga.
Se le suman el control de peso, la práctica de actividad física reglar, una buena rutina de sueño, gestionar el estrés, evitar el tabaco y el alcohol. Con todo, Bonanad reflexiona: «¿Tiene una enfermedad cardiovascular? ¿Cambia de por sí la dieta, la medicación, la actividad física, la fisiología intestinal y esto cambia la microbiota? ¿O es la microbiota con otras comorbilidades lo que también contribuye o es bidireccional?», reflexiona. Ella cree que es bidireccional, pero para que se convierta en certeza, dice que hay que seguir investigando.
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