Este 4 de mayo se cumplen noventa años del nacimiento de Manuel Benítez El Cordobés, una de las figuras más universales que ha dado Córdoba en el siglo XX. Su nombre no solo forma parte de la historia del toreo, sino también de la proyección de la ciudad más allá de nuestras fronteras, en un momento en el que Córdoba volvía a situarse en el mapa cultural y mediático de España.
Manuel Benítez (Palma del Río, 1936) representa, además, una historia profundamente ligada a la superación personal. Desde sus orígenes humildes hasta convertirse en fenómeno social, su figura trascendió el ámbito taurino para convertirse en icono de toda una época. Fue uno de los más afamados representantes de la tauromaquia y su popularidad fue tal que el nombre de Córdoba volvió a proyectarse internacionalmente, contribuyendo a difundir la imagen de la ciudad en años clave de transformación social y económica.
A ello se suma un reconocimiento que refuerza su dimensión histórica. En 2002, Manuel Benítez fue proclamado quinto Califa del Toreo, incorporándose así a una tradición única que identifica a Córdoba con algunas de las figuras más relevantes de la historia taurina. Este título, reservado a toreros que han marcado una época, consolidó definitivamente su figura como uno de los nombres imprescindibles del toreo contemporáneo.
Reconocimientos institucionales y una avenida en Las Vegas
Su trayectoria fue reconocida también institucionalmente con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2015, así como con la Medalla de Andalucía en 2023 -ese mismo año recibió también la Medalla de Oro de la ciudad de Córdoba-, distinciones que avalan su relevancia cultural y social más allá del mundo taurino.
Además, su nombre ha sido inmortalizado en distintas ciudades con calles dedicadas a su figura, siendo especialmente llamativa la avenida que lleva su nombre en Sunrise Manor, en el área metropolitana de Las Vegas, en Estados Unidos, reflejo de la dimensión internacional que alcanzó su figura.
El Congreso Internacional de Filosofía y la estatua de Séneca
Del 7 al 12 de septiembre de 1965 se celebró en la ciudad el Congreso Internacional de Filosofía con motivo del XIX centenario de la muerte de Lucio Anneo Séneca.
A este encuentro asistieron alrededor de doscientas personalidades del mundo de la filosofía procedentes de países como China, Estados Unidos, India, Alemania, Francia o Brasil. El congreso se estructuró en cuatro grandes ponencias y todas las sesiones se desarrollaron en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos, en un momento en el que Córdoba buscaba proyectar su dimensión cultural e intelectual a nivel internacional.
Fue en este contexto cuando el Ayuntamiento de Córdoba impulsó la idea de erigir un monumento dedicado a Séneca. Para ello, se recurrió a una de las figuras más populares del momento, Manuel Benítez El Cordobés, quien aceptó donar íntegramente la estatua del filósofo, realizada por el escultor Amadeo Ruiz Olmos, por valor de algo más de 250.000 pesetas de la época. La escultura fue colocada -y ahí sigue- junto a la Puerta de Almodóvar.
El entonces alcalde de Córdoba, Antonio Guzmán Reina, entregó a Manuel Benítez una reproducción en miniatura de la estatua como muestra de agradecimiento por su donación. Sin embargo, con el paso del tiempo, este gesto ha ido quedando en un segundo plano. Hoy, junto a la escultura, no existe ninguna placa que recuerde que fue donada por Manuel Benítez “El Cordobés”, lo que evidencia cómo, en ocasiones, la memoria de la ciudad se diluye con el paso del tiempo.
Precisamente ese carácter senequista que en tantas ocasiones se atribuye a los cordobeses —marcado por cierta resignación y apatía ante las circunstancias— no estuvo presente en la vida de Manuel Benítez. Muy al contrario, su trayectoria vital fue un ejemplo de superación y determinación. Resulta especialmente significativo que fuera él quien donara a la ciudad la imagen de Séneca, el filósofo estoico que ha simbolizado durante siglos ese temperamento reflexivo y resignado que tantas veces se ha asociado al carácter cordobés.
Una oportunidad para Córdoba
Noventa años después de su nacimiento, quizá haya llegado el momento de devolver aquel gesto. Más allá de la colocación de una placa que recuerde la donación, Córdoba podría reivindicar la figura de Manuel Benítez con un reconocimiento acorde a su dimensión histórica y social. Una estatua dedicada a quien llevó el nombre de Córdoba por el mundo y que, además, dejó una huella tangible en el patrimonio de la ciudad.
Sería, además, una forma de romper con ese senequismo —nunca mejor dicho— tantas veces atribuido a los cordobeses. Porque, si en 1965 fue Manuel Benítez quien regaló a Córdoba la imagen de Séneca, noventa años después quizá deba ser Córdoba la que devuelva el gesto, erigiendo una estatua a quien, con su trayectoria y su generosidad, también forma parte de la historia de la ciudad.


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