DENTRO DE UNA FARMACIA HOSPITALARIA: EL 90% DE LOS MEDICAMENTOS QUE UTILIZAMOS CON INDUSTRIALES, PERO UN 10% TIENE QUE SER ADAPTADOS AL PACIENTE LA VOZ DE LA SALUD
La del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago proporciona tratamientos a un área con casi medio millón de habitantes
Gestión, distribución y almacenamiento
El área de gestión y logística del servicio la coordina Héctor Mozo. «Aquí se encuentran dos zonas: el almacén principal, donde hay un carrusel horizontal, y otra donde se da la dispensación para los pacientes ingresados en el hospital. La primera se ocupa de recepcionar la medicación que proviene de todos los laboratorios, se almacena y acondiciona para distribuir a todas las unidades del hospital, pero también desde ahí distribuimos a los almacenes internos del servicio de farmacia, ya que existen consultas externas y el de Conxo, y a centros de salud y residencias sociosanitarias de todo el área de Santiago», explica.
En el área de dispensación se prepara la medicación para los pacientes ingresados, en carros. Cada paciente tiene su cajón individual, donde se cubren los fármacos que necesita para 24 horas. «A lo largo del día, los cambios que hacen los médicos también se van suministrando a las plantas», amplía. Entre los medicamentos con más presencia, el omeprazol y el paracetamol. «Hasta el 90 % de los pacientes tienen una prescripción de estos fármacos a lo largo de su ingreso».
La medicación que llega por parte de la industria suele requerir que se reacondicione, para que pueda ir de forma correcta en esos carros. «Se pone en una dosis unitaria porque si no, tendríamos que mandar toda la caja o bien el blíster con varias pastillas. Por eso, la reacondicionamos en unidosis para que pueda ir en sobres individuales con toda la información que falta: el lote, la caducidad... Así, simplemente es cogerla y ponérsela al paciente», indica Carmen Salgueiro, supervisora de enfermería en el servicio. En esta sala se encuentran, en el momento de la grabación, dos profesionales recortando las etiquetas y pastillas para que esto sea necesario, a la vieja usanza; junto con una gran máquina que lo hace de forma automática con otra medicación. En la unidad hay 50 técnicos de farmacia y 16 profesionales de enfermería sin los que todo este engranaje no funcionaría.
Hay pacientes especiales, como los que se encuentran en la uci. «Son unidades donde se manejan muchos medicamentos, pacientes polimedicados. Llevan sedoanalgesia, antibióticos, antiepilépticos y, muchas veces, medicamentos de alto riesgo, en los que cualquier error puede tener consecuencias graves», sostiene Teresa Rodríguez, farmacéutica especialista en el área de pacientes críticos. Debido a la complejidad y gravedad que se da en ellos, «hacemos conciliación de la medicación cuando ingresan: adecuación del tratamiento y ajustes de dosis en función de que pueda existir algún fracaso de órganos».

La «cocina» del hospital: cuando el medicamento se hace a medida
«En el hospital, cerca del 90 % de los medicamentos que utilizamos son industriales, pero sobre un 10 %, quizás un 15 %, deben ser adaptados al paciente y eso la industria no te lo provee. Para eso necesitamos hacer adaptaciones de dosificaciones a diferentes grupos de pacientes, de pediátricos a geriátricos, y administrar medicamentos por vías que no son convencionales», explica Miguel González Barcia, responsable del área de farmacotecnia.
En octubre del 2023 se inauguraron las salas blancas, espacios con aire ultralimpio donde se trabaja con cabinas especiales y un robot de preparación de quimioterapia. Incluso incluyen una sala para terapia génica. Desde ahí sale nutrición intravenosa a medida, colirios —casi 16.000 en el 2024—, inyecciones para el ojo y fórmulas magistrales, como jarabes o cápsulas pensadas para un solo paciente. También bolsas de quimioterapia personalizadas. «Es un trabajo de alta precisión con mucha dificultad. La dosis tóxica es casi igual a la que utilizamos y la preparación es muy delicada. Cada vez que se prescribe es para un peso, una altura, una función renal y una función hepática determinada», detalla Beatriz Bernárdez, farmacéutica oncológica.
Del hospital a casa
La consulta de Farmacia es el punto de encuentro con cerca de 200 pacientes al día. Juan Manuel Rojo, especialista de la consulta de Farmacia, confiesa que cuando él empezó, hace treinta años, «atendía en torno a treinta personas al día; hoy, sobre cincuenta». En su área explican cómo tomar cada medicamento, se revisan interacciones, se vigilan efectos adversos y se comprueba que el paciente cumple el tratamiento y le funciona. La explicación de ese aumento de prescripciones es clara: «Cada vez hay más medicaciones llamadas de uso hospitalario que hay que dispensar desde aquí, unido a que afortunadamente las medicaciones son buenas y se mantienen durante mucho tiempo». Recuerda como, hace unos años, el tratamiento de la migraña solo se dispensaba a través de las farmacias comunitarias. «Ahora han salido unos medicamentos inyectables que son de uso hospitalario», ejemplifica.
Personalización
«Cando unha persoa toma un medicamento, o recibe na súa sangue para facer un efecto nos seus órganos. Pero non todos os facemos da mesma maneira. O que nós facemos é detectalo no sangue e despois, adaptamos as doses e posoloxías para que sexan o máis precisas posibles en función das características individuais de cada paciente», desgrana Anxo Fernández, coordinador de la unidad de Investigación e Innovación. Compaginan farmacocinética con farmacogenética. «Incluso recorremos a novos biomarcadores que nos poden desvelar que pacientes van a responder mellor e cales peor aos tratamentos, como técnicas de proteómica», concluye.
Irene Zarra, jefa del servicio de Farmacia del CHUS: «El gasto en medicamentos en el área fue de 135 millones»

Entre los retos, la presión en las consultas de Farmacia por una mayor aprobación de tratamientos de uso hospitalario
Irene Zarra Ferro (Vigo, 1975), jefa del Servicio de Farmacia del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) explica cuáles son las funciones y retos de su servicio.
—¿Cuáles son las funciones de un farmacéutico hospitalario?
—Somos el copiloto del médico y de la enfermera cuando se trata de medicamentos. Nuestro objetivo es que cada paciente reciba el tratamiento correcto, en la dosis adecuada y en el momento preciso.
—¿Cuáles son los pasos detallados para que eso suceda?
—Primero, revisamos cada prescripción. Comprobamos medicamento, dosis, vía y pauta. Observamos alergias, interacciones y cómo funcionan en el hígado y riñón del paciente. Cada servicio tiene su farmacéutico de referencia desde el 2013. Corregimos, ajustamos y proponemos alternativas. En el 2024 registramos 17.317 intervenciones: 3.929 cambios de medicamento, 3.795 adecuaciones de órdenes médicas, 3.688 suspensiones y 2.541 cambios de dosis. Y estamos donde el tratamiento se complica: oncología, hematología, uci, pediatría, neonatos, enfermedades raras, infecciosas y nutrición clínica.
—¿Cuántos medicamentos pasan por aquí al año?
—En nuestra base de datos trabajamos con 4.500 referencias, más o menos. Hacemos cerca de 100.000 pedidos a los proveedores farmacéuticos.
—Hablamos de mucho dinero.
—Sí, el gasto en medicamentos es una partida muy importante y aquellos innovadores o que antes no existían, son caros. En el año 2025, en el área de Santiago el gasto en medicamentos alcanzó 135 millones de euros. Un 9,8 % más que en el 2024.
—Los medicamentos no solo se quedan en las paredes del hospital.
—Así es. La consulta de Farmacia es, para muchos pacientes, el punto de contacto directo con nosotros. Explicamos cómo tomar cada medicamento, revisamos interacciones, vigilamos los efectos adversos y comprobamos que el paciente cumple el tratamiento y le funciona. Además, contamos con el programa Padromi, desde el 2015.
—¿En qué consiste?
—Personal de enfermería va por la tarde al domicilio de los pacientes que no pueden acudir al hospital para ponerles una inyección semanal que hemos preparado antes en nuestras salas blancas. En el 2021 también pusimos en marcha un piloto se seguimiento a distancia con 29 pacientes oncológicos que toman quimioterapia oral. Además, enviamos la medicación a tres centros de diálisis concertados y abastecemos a los de salud del área.
—¿Qué sucede con aquellas personas mayores institucionalizadas?
—Trabajamos con quince residencias del área sanitaria, donde hay 1.671 plazas, ocupadas en buena parte por personas con varias enfermedades y polimedicadas. Es el terreno donde más se agradece una revisión a tiempo: los efectos adversos de los fármacos son una causa frecuente de ingreso en personas mayores y muchos se pueden evitar. Desde el 2002 les enviamos la medicación en carros de unidosis para siete días. Revisamos periódicamente los tratamientos.
—¿Se hacen medicamentos a medida?
—Sí. Muchos medicamentos no llegan de ninguna fábrica: los preparamos nosotros. Tenemos las salas blancas, espacios con aire ultralimpio donde se trabaja con cabinas especiales. De ahí salen, por ejemplo, las bolsas de quimioterapia personalizadas (más de 68.000 al año) y fórmulas magistrales, como jarabes o cápsulas pensadas para un único paciente, como niños con enfermedades raras sin medicamentos comerciales para su edad y su dosis.
—¿Hay retos?
—El primero, que los medicamentos son cada vez más innovadores y caros, y la población envejece con más enfermedades crónicas. Cada año llegan tratamientos nuevos de dispensación hospitalaria y los pacientes crónicos viven más años, así que la consulta externa es donde más se nota la presión: las consultas generales de Farmacia han crecido un 19,1 % y las de oncología y hematología, un 5,8 %.
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