DIARIO DE JEREZ: CUANDO LA TIERRA HABLAR: EL CARIBE, UNA VIÑA PARA ENTENDER LOS VINOS DE JEREZ.
Este histórico viñedo resume los grandes retos del Marco de Jerez: menos mano de obra, más tecnología y el desafío de mantener vivo un paisaje único donde la tierra albariza, la uva palomino y el trabajo de generaciones dan forma a los jereces
La vendimia avanza en el Marco de Jerez con más de siete millones de kilos de uva cosechados
“No recuerdo una campaña tan temprana”, reconoce Salvador Espinosa, propietario de la viña. “La vendimia empezó el 27 de julio y nosotros nos incorporamos unos días después. El año pasado sufrimos la cosecha más corta que recuerdo, primero por el mildiu y después por una ola de calor con levante que deshidrató muchísima uva. Este año, afortunadamente, estamos ante una cosecha normal”.
Una viña con más de dos siglos de historia
El Caribe es una de las viñas con más personalidad del Marco de Jerez, cuyo nombre procede de Francisco Ponce, primer coronel de las Milicias de Jerez, conocido en el siglo XVIII como ‘El Caribe’. Con el paso de los años, la finca pasó a manos de la familia Sancho y protagonizó un episodio poco conocido que forma parte de la historia del vino de Jerez.
Desde esta viña salieron algunos de los primeros sarmientos enviados a California durante el siglo XVIII. Las cepas prosperaron al otro lado del Atlántico y contribuyeron al desarrollo de la viticultura californiana; sin embargo, nunca lograron reproducir un vino semejante al de Jerez.
La explicación, que sostiene Salvador, es que “la variedad puede viajar, pero el territorio no. Puedes plantarlas en cualquier parte del mundo, pero no tendrás este suelo, ni estos vientos, ni esta forma de cultivar la viña”.
Un granaino que echo raices en Jerez
La historia reciente de El Caribe comienza lejos de estas cepas. El padre de Salvador llegó desde Granada atraído por el auge de la industria azucarera y comenzó a comprar pequeñas parcelas de viña.
“No teníamos tradición bodeguera”, por lo que, durante décadas, la uva de El Caribe acabó en Domecq y en González Byass, hasta que más tarde la producción comenzó a entregarse a la Cooperativa de las Angustias, donde la familia continúa siendo socia, explica.
El gran salto llegó en 2015 con la compra de Bodegas Díez-Mérito, a la que se destina parte de la cosecha de El Caribe, mientras que el resto sigue entregándose en la cooperativa.
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