Agua en los conductos
«Las otitis externas son las infecciones que más se dan en verano, porque están claramente relacionadas con el contacto con el agua, tanto del mar como de las piscinas. Normalmente, el agua puede afectar a la piel del oído y este es el cuadro más típico», explica Lassaletta. En condiciones normales, explica una guía clínica sobre esta patología, «el cerumen del conducto auditivo externo constituye una barrera protectora oleosa, de pH levemente ácido. Además, contiene lisozimas con actividad antibacteriana y antifúngica. La ruptura de los mecanismos protectores del conducto produce una alteración en la capa lipídica protectora del cerumen. El conducto se alcaliniza favoreciendo la proliferación de microorganismos comensales y patógenos».
Esta enfermedad se diferencia de las otitis medias, asociadas a catarros o problemas respiratorios que aparecen con mayor frecuencia en los meses de invierno. La otitis externa tiene un inicio rápido —en torno a las 48 horas— y se puede reconocer fácilmente por sus síntomas: un dolor de oído que aumenta al tacto, sensación de calor local, dolor al masticar o un picor en el canal auditivo. En algunos casos se puede producir una secreción líquida en la zona. Puede haber también hipoacusia o sensación de oído tapado. El tratamiento incluye gotas óticas con antibióticos. Se trata de una afección que se da con mayor frecuencia en la infancia.
En caso de tener antecedentes de otitis externa previa, se recomienda la prevención con el uso de tapones a la hora de nadar, para evitar la penetración del agua en los oídos. «En casos extremos en los que es fundamental que no entre nada de agua, como por ejemplo, en niños que tienen un drenaje en el tímpano, se puede utilizar tapones en el oído más un gorro que cubra la zona», apunta Lassaletta.
Conciertos, bodas y verbenas
La exposición al ruido aumenta durante la época estival. Por lo general, las personas acuden a más eventos como fiestas, conciertos o festivales, en los que el ruido puede superar fácilmente los límites seguros. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el nivel de ruido máximo recomendado para evitar daños a la salud es de 55 dB durante el día en exteriores y de 45 dB por la noche. Si se superan estos límites, aumentan los riesgos de sufrir problemas del sueño, estrés y enfermedades del corazón. En cuanto al ocio, la entidad recomienda no superar los 100 dB en eventos en vivo sin protección.
Sin embargo, como la exposición al ruido tiene efectos acumulativos en los oídos, el riesgo individual dependerá no solo del volumen de la música en una fiesta puntual, sino de cómo se encuadra esa fiesta en el conjunto de la vida de la persona. Así, Lassaletta explica que «Es difícil establecer un límite. Aquí hay que tener en cuenta dos factores. Por un lado la intensidad del sonido o del ruido y luego el tiempo de exposición. Es peligroso estar expuesto a intensidades muy altas aunque sea poco tiempo, o a intensidades más bajas durante mucho tiempo. Además, la tolerancia a la intensidad del sonido es muy variable. Si hay dos personas que van al mismo concierto, están expuestas a la misma intensidad, puede que una salga escuchando un pitido y la otra no».
Con todo, existe una señal clara y reconocible de que hemos superado un umbral en cuanto al riesgo: «Cuando uno sale de un concierto o de una discoteca con un pequeño pitido o zumbido en el oído, ya es demasiado tarde, se ha producido un daño en el oído», advierte Lassaletta. Este daño no necesariamente es permanente, pero debemos tener en cuenta su impacto sumatorio en nuestra salud auditiva: «Cómo oímos a los 50, 60 o 70 va a depender de la edad, pero sobre todo del ruido que se haya acumulado en todas las exposiciones a lo largo de la vida».
Por esta razón, el experto aconseja utilizar tapones de oídos específicos para música o fiestas. Se trata de los tapones de alta fidelidad, que permiten escuchar la música o el sonido sin alterarlo, pero reduciendo ciertas frecuencias para que no provoquen daño cuando estamos expuestos a volúmenes elevados. «Estos tapones tienen filtros que permiten disfrutar del concierto atenuando la intensidad del sonido para que no sea perjudicial», explica el otorrinolaringólogo.
Qué hacer y qué no
Si aparecen cambios en audición de manera repentina, Lassaletta recomienda acudir al médico ante la primera señal de problemas. «Si notas que por un oído oyes peor que por el otro hay que acudir rápidamente al otorrino porque a veces hay que poner un tratamiento de corticoides pronto. El no hacerlo puede suponer una pérdida de audición que sí podría ser irreversible», indica.
Si pasados varios días desde el último concierto se sigue oyendo un pitido o sigue presente una sensación de distorsión en uno o ambos oídos, no se debe esperar a que el problema desaparezca por sí solo. Hay que ir al médico y, de ser necesario, se administrará un tratamiento con corticoides para desinflamar la zona.
Y si se sospecha de una otitis externa, «no hay que intentar nunca meter nada en el oído. Hay algunos remedios caseros de las abuelas, como echar aceite o alcohol etílico; esto está desaconsejado. Si uno tiene un problema en el oído lo último que tiene que hacer es meter nada en el oído hasta que se haya hecho una exploración completa por un especialista», subraya.
Para prevenir la pérdida de audición a lo largo de la vida, la OMS recomienda algunos hábitos clave:
- Mantener el volumen bajo en los dispositivos de audio personales
- Utilizar auriculares o cascos bien ajustados y, de ser posible, con cancelación de ruido
- Utilizar tapones para los oídos en lugares ruidosos
- Efectuar con regularidad reconocimientos de la audición
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