LOS CONSEJOS PARA LAS VACACIONES DE LOS NIÑOS "MANTENER RUTINAS PREVIENE RABIETAS.
LA VOZ DE LA SALUD
Los expertos recalcan que se trata de un período de descanso físico, mental y emocional
1. Rutinas y horarios, ¿flexibilidad o rigidez?
¿Deben los niños seguir unas rutinas o se pueden flexibilizar horarios? «En mi opinión, ambas. Tiene que haber algo de rutina, pero no las mismas que el resto del año. El período vacacional es para descansar y para desconectar de la vorágine y el ritmo que llevamos», responde Begoña Castro, presidenta de la Sección de Psicoloxía Educativa do Colexio de Psicoloxía de Galicia (COPG). Si bien, añade que «dejarlo todo enmarcado en el caos tampoco beneficia ni a los niños ni a los adultos». Esas rutinas son incluso más necesarias en edades tempranas. «Se deben respetar sus ritmos circadianos y mantener rutinas familiares porque les da seguridad a los pequeños, por lo que no deberían perderse. No establecerlas da lugar a más rabietas y tener más dificultad para llevar a cabo actividades. Hay que tener en cuenta que hace calor, que estamos más irritados todos y ellos van a tener una menor tolerancia a la frustración y una mayor impulsividad», detalla Castro.
2. Priorizar descanso y juego
Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap) recuerdan que el descanso no es tiempo perdido, sino una parte esencial del desarrollo infantil. Durante los períodos de pausa, el cerebro consolida aprendizajes, regula emociones y recupera la capacidad de atención tras el esfuerzo sostenido del curso.
«La infancia necesita descanso físico, mental y emocional. El verano no debería convertirse en una prolongación del curso escolar, sino que los niños y adolescentes necesitan tiempo para jugar, dormir más, relacionarse con otros niños, asumir pequeñas responsabilidades y aprender también a no hacer nada», considera Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. «Muchos niños terminan septiembre más agotados que en junio porque apenas han tenido oportunidad de bajar el ritmo», añade.
3. Deberes para reforzar conocimientos, ¿sí o no?
«Es cierto que es un período de vacaciones largo, pero es de descanso. Siempre recomiendo a las familias que el mes de julio, para los niños, es de desconexión. Y quince o veinte días antes de que vuelva la rutina nos vendría bien hacer ciertas pinceladas de repaso, para refrescar o mejorar ciertos conceptos, pero siempre a través del juego, que no se vuelva un segundo colegio», sostiene Castro. Además, considera que si los niños cuentan con hábito de lectura y si esta es comprensiva, «tampoco hace falta mucho más».
4. Dar vacaciones a las pantallas
Los pediatras también reivindican recuperar, en la medida de lo posible, «los veranos de antes»: más tiempo al aire libre, menos pantallas, ratos sin horarios estrictos y espacios para el juego libre, la creatividad e incluso el aburrimiento. «Estos meses son una oportunidad para dar vacaciones a las pantallas», subraya Cenarro.
«Si hablamos de niños de 12 a 16 años, ya tiene que haber un consenso entre padres e hijos. Pero antes de los 12, la única recomendación es fuera pantallas. Todo lo que se pueda hacer sin ellas, mejor, porque estas siempre van a disminuir funciones», sostiene Castro. «En esa etapa el área prefrontal del cerebro está en pleno desarrollo y debemos respetarlo. Es un tiempo muy bueno de conexión con la naturaleza, de hacer juegos fuera y de mucho movimiento: caminar, nadar, y, en general, para cualquier tipo de deporte», añade.
5. Fomentar la autonomía con pequeñas responsabilidades
La asociación de pediatras insiste en que fomentar la autonomía no significa dejar solos a los niños, sino aprovechar este período de vacaciones para que participen más en la vida cotidiana y desarrollen responsabilidades adaptadas a su edad. «Pueden ayudar a recoger el desayuno, hacer la cama, poner la mesa o colaborar en pequeñas tareas familiares. Son aprendizajes sencillos que fortalecen la responsabilidad y la autonomía personal», remarca Cenarro. Del mismo modo, los adolescentes también pueden ganar autonomía de forma progresiva y segura: «Poder organizar planes con amigos, moverse más por su entorno, colaborar más en casa, participar en actividades al aire libre o incluso aburrirse son experiencias que forman parte de su maduración emocional y social». Recuerdan que muchos viven sometidos a una elevada presión académica e hiperconexión constante durante el curso escolar y que esta es una buena época para reconectar con ritmos más saludables.
6. Gestionar rabietas de los pequeños
«La principal medida para gestionar un rabieta es no llegar a ella», avanza la psicóloga, que reconoce que sí que se pueden dar con más frecuencia durante el verano. «En pleno calor o en horas que no forman parte de su rutina habitual, es normal. Por eso es importante respetar sus horarios de sueño porque necesitan dormir mucho más», amplía. Los niños de 1 a 2 años deben dormir entre once y catorce horas (incluyendo siestas), de 3 a 5 necesitan de diez a trece horas (también contando con ellas), de 6 a 12 años entre nueve y doce horas, y los adolescentes de ocho a diez. Estos últimos pueden ver alterado su sueño al incluir más planes sociales. «Es fundamental que el cerebro descanse porque no podemos estar en continua actividad», comenta Castro.
El aburrimiento ayuda a la creatividad, «pero los niños, igual que los adultos, necesitan una planificación de lo que va a pasar, una organización; no saber qué hacer o qué pasará mañana les genera más inquietud e inseguridad, que es lo que más altera su conducta». Encontrar el equilibrio es, en definitiva, la vía para que este verano pueda ser disfrutado por todos.
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