EL PRECIO DEL ACEITE DE OLIVA TIRA A LA BAJA POR LOS NERVIOS DEL SECTOR PRODUCTOR AGRICULTOR
La tensión entre oferta y demanda por la anticipación de una gran campaña -algo aún poco claro- lleva al sector a una espiral bajista en las últimas semanas que no se corresponde con los datos objetivos
Todas las ayudas al campo por las borrascas estarán exentas de IRPF
Son cifras que sitúan al sector en el límite de la rentabilidad o, directamente, en pérdidas. José Gilabert, presidente de la Asociación de Olivar Tradicional, señala que los costes de producción, entre los que cita los fertilizantes, los abonos o el gasóleo, se han disparado un 25% en los últimos años, llevan ya a un precio mínimo del virgen extra de cinco euros, “por lo que nadie entiende que se quiera pagar a cuatro euros o menos”. El consultor Juan Vilar añade que, debido a los daños de las borrascas, el agricultor tradicional, en muchos casos, “solo ha podido fabricar lampante y teniendo en cuenta el precio en el que está una gran parte ya está en pérdidas”.
Riesgo de falta de rentabilidad también para el olivar en seto
Pero el problema no solo es para el olivar tradicional. Según David Valle, tesorero de Olivérica, la asociación del olivar en seto de España y Portugal, “el precio actual pone en riesgo la viabilidad económica de cualquier modelo de explotación, debido al aumento del coste de los insumos, la mano de obra y el mantenimiento y conservación de las explotaciones”. Y añade: “El olivar intensivo puede ser más rentable que el tradicional, pero llega un momento en que los gastos de explotación se elevan por encima del umbral de rentabilidad”.
¿Qué está pasando? Los datos objetivos, según las fuentes del sector productor consultadas, indican que no hay motivos objetivos para la bajada, aunque ciertos movimientos de mercado sí pueden explicarla. La campaña de producción ha sido media (terminará rozando las 1,4 millones de toneladas), las salidas del producto son un 1% superiores a las del año pasado y están un 20% por encima de la media de los últimos cinco años y el enlace de campaña (el 'stock' disponible antes de que empiece la campaña de producción) estará en torno a las 259.000 toneladas, una cifra muy ajustada que en realidad es mucho menor por la escasez de virgen extra.
La expectativa de una gran producción presiona la cotización a la baja
Es decir, todo acompaña para que los precios sean mejores de lo que son. Pero hay situaciones de mercado que los empujan a la baja. La más importante, la expectativa de los productores de que la campaña que viene habrá una gran cosecha, una certeza que desmienten todas las fuentes consultadas, incluidas las de los envasadores. “El año pasado todos teníamos la expectativa de que la producción fuera mayor de lo que fue y yo creo que ahora estamos en un optimismo equivalente al de entonces; tenemos la impresión de que en estos momentos el árbol está magníficamente bien, pero queremos ser prudentes, por la experiencia del año pasado”, señala Primitivo Fernández, director general de la patronal de los envasadores Anierac.
Juan Vilar señala, por su lado, elementos a favor y en contra de una gran producción. A favor están las abundantes lluvias y la plena disponibilidad de agua para el regadío; en contra, un verano que sea muy caluroso y un retraso en las lluvias de otoño. David Valle ve, por su lado, una cosecha excepcional descartada, ya que el olivo necesita recuperarse de una recolección que este año ha sido tardía. Puede ser buena, o media, pero en ningún caso histórica.
Tensión entre la oferta y la demanda
A esa expectativa de gran cosecha -que lleva los precios a la baja- se le une la tensión entre la oferta y la demanda. En marzo la industria hizo un acopio de aceite que fue algo superior a lo normal y eso llevó al sector productor -a una parte, al menos- a interpretar que era momento de vender. Eso lleva, en un mercado como el del aceite, a una espiral a la baja, ya que entonces los envasadores paran de comprar a la espera de que los vendedores bajen más el precio, y van haciéndolo puntualmente si ven buenas oportunidades. Cristóbal Gallego, presidente de la sectorial del Aceite de Oliva de Cooperativas Agro-Alimentarias de Andalucía, publicó un artículo titulado Menos ansiedad y más estrategia en el aceite de oliva, en el que advierte del “error” de “anticipar campañas” y pide al sector no funcionar a base de “miedo, rumores o previsiones interesadas”. En declaraciones a este periódico, pide “tranquilidad a los operadores; si todo el mundo quiere vender a la vez al final se provoca una caída artificial del precio”. José Gilabert señala que muchas, veces, los olivareros, hablan del mercado “como si fuera algo etéreo, de otros, cuando el sector productor es actor principal; los compradores adoptan una estrategia de crear un estado de opinión de una supuesta gran cosecha e infunden miedo; y se vuelve a caer en esa dinámica, que cada vez es más peligrosa, porque los costes no paran de subir”
La siguiente situación, después de eso, es una “paralización del mercado”, con pocas operaciones porque nadie compra ni vende cuando el precio, en una situación en la que el aceite no sobra, llega a un determinado suelo.
Todo hace indicar que de este bucle se tendrá que salir, porque el aceite hay que sacarlo al mercado y no es que ahora mismo sobre. Por eso Juan Vilar prevé un mercado “en equilibrio inestable”, con subidas o bajadas, una especie de diente de sierra, pero sin muchos cambios. “A partir de que empecemos a tener más datos sobre la campaña que viene habrá mayor variación: si se prevé más baja de lo normal, las cotizaciones resistirán; si no, se verán afectadas por una tendencia negativa”. Vilar alerta, por otro lado, de que cada vez hay más factores que inciden en los precios: el alto precio del girasol al retirarse parte de su producción para biocombustible ha afectado a la cotización del lampante (al alza); el anuncio de más aranceles de Trump también, y puede haber sido una de las causas del acopio de la industria en marzo; y las ayudas al campo por las borrascas, ahora que están empezando a llegar, pueden disminuir la necesidad de los olivareros de vender.
Más allá de esos factores, Primitivo Fernández, de Anierac, piensa que la explicación de los precios siempre hay que buscarla en el propio mercado, en “un equilibrio entre oferta y demanda”. “Hay 1.800 operadores vendiendo aceite y luego hay otros tantos compradores, 200 puramente industriales, que salen cada día a comprar aceite al mercado. Y eso hace que el del aceite de oliva sea un mercado muy equilibrado; yo creo que de eso no hay ninguna duda”, afirma, y añade: “En este mercado hace muchos años que la competencia es enorme y las cosas fluyen de una manera normal”.