A TU SALUD
LOGRAN UN PROMETEDOR AVANCE PARA LA ENFERMEDAD INFARMATORIA INTESTINAL GRACIAS AL USO DE VIRUS.
Investigadores internacionales dan un gran paso para abordar esta patología cada vez más habitual
El estudio, publicado en la revista científica "Science Translational Medicine" y destacado en la portada de la revista, reúne a investigadores de las facultades de Ingeniería y de Ciencias de la Salud, combinando conocimientos especializados en la ciencia del microbioma y en antimicrobianos dirigidos para abordar un desafío complejo de la salud intestinal.
Gran avance
Se estima que la enfermedad inflamatoria intestinal afecta a 300.000 canadienses, y las tasas siguen aumentando, especialmente entre los niños. Canadá presenta una de las tasas más altas de EII pediátrica del mundo. Aunque los tratamientos actuales pueden ser eficaces, pueden dejar de funcionar a largo plazo o requerir un aumento de las dosis, lo que incrementa el riesgo de efectos secundarios graves.
"Uno de los desafíos radica en que las AIEC se definen por lo que hacen, no simplemente por su apariencia en un análisis del microbioma", afirma Elena Verdu, profesora del Departamento de Medicina y directora del Instituto Farncombe de Investigación sobre Salud Digestiva. "Para identificarlas, debemos evaluar su comportamiento, como su capacidad para adherirse a las células intestinales, invadirlas y persistir en las células inmunitarias", añade.
Trabajando con cepas de E. coli aisladas de pacientes con enfermedad de Crohn, el equipo utilizó modelos experimentales controlados para determinar cómo las AIEC contribuyen a la inflamación y explorar formas de neutralizar su comportamiento nocivo sin dañar a las bacterias beneficiosas.
Para atacar a las AIEC sin causar daños colaterales, el equipo recurrió a los bacteriófagos (o fagos), virus naturales que infectan a las bacterias con una precisión extraordinaria. "Los fagos funcionan como un sistema de llave y cerradura: cada fago se dirige únicamente a determinadas bacterias. Esa precisión nos ofrece una forma de intervenir sin eliminar todo el microbioma", explica Zeinab Hosseinidoust, profesora asociada del Departamento de Ingeniería Química y de la Escuela de Ingeniería Biomédica.
l equipo identificó y caracterizó fagos que atacan selectivamente cepas de AIEC aisladas de pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y descubrió que este enfoque reducía significativamente la inflamación intestinal. Los fagos no eliminaron las bacterias por completo. En su lugar, alteraron su comportamiento al suprimir un «gancho de agarre» molecular que ayuda a las AIEC a adherirse al revestimiento intestinal y desencadenar respuestas inmunitarias. Al desactivar ese mecanismo de virulencia, la inflamación disminuyó.
"Las bacterias seguían allí, pero perdieron los rasgos que provocan la inflamación. Nos gusta verlo como si les hubiéramos arrancado algunos dientes: las bacterias ya no pueden causar tanto daño", afirma Hosseinidoust.
Medicina de precisión
Los investigadores también descubrieron que la terapia con fagos potenciaba la eficacia de un tratamiento con esteroides utilizado habitualmente para la EII. Al combinarse con el fago, una dosis inferior a la estándar produjo beneficios comparables a los obtenidos con dosis más altas del fármaco por sí solo. Si bien ya se había demostrado que los fagos aumentan la eficacia de los antibióticos, esta es la primera vez que se informa de una colaboración positiva entre fagos y un fármaco no antibiótico.
La EII está determinada por una combinación de factores genéticos, respuestas inmunitarias y el microbioma intestinal. El equipo de investigación se centró en un grupo de bacterias conocidas como "Escherichia coli" adherente-invasiva (AIEC), que se han relacionado con la inflamación en algunas personas con enfermedad de Crohn. Estas bacterias pueden resultar difíciles de identificar y atacar de forma selectiva, lo que las convierte en un caso de estudio importante para el desarrollo de terapias más precisas basadas en el microbioma.
Los hallazgos apuntan a un enfoque de medicina de precisión para la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). La función bacteriana sobre la que actúa el fago puede medirse en muestras de heces y se observó que era más elevada en un subgrupo de pacientes con enfermedad de Crohn, lo que sugiere una posible vía para identificar a aquellos que más se beneficiarían de esta terapia. "Si logramos identificar qué pacientes presentan esa función bacteriana perjudicial, en el futuro podríamos intervenir con una terapia dirigida, diseñada específicamente para reducir dicha actividad", afirma Verdu. "Así es como debería ser la medicina personalizada: asignar la herramienta biológica adecuada al paciente adecuado", avanza Hosseinidoust.


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