/ IMPLATAN EL MARCAPASOS MAS PEQUEÑOS DEL MUNDO A UNA RECIEN NACIDA EN ESPAÑA / LA VOZ DE LA SALUD
La niña presentaba una anomalía del corazón que se detectó en el segundo trimestre del embarazo y que le provocaba unos latidos excesivamente lentos, poniendo en peligro la llegada de sangre al cuerpo
04 mar 2026 . Actualizado a las 17:17 h.Un equipo de especialistas en Barcelona implantó el marcapasos más pequeño del mundo a una niña recién nacida de 2,1 kilos que nació con una alteración cardíaca grave detectada durante la gestación. Se trata de un hito a nivel quirúrgico que permitió resolver el cuadro de bradicardia de la bebé, una alteración en la que el corazón late demasiado lento. La pequeña ha evolucionado favorablemente y recibió el alta tras 20 días de ingreso hospitalario. Según detallan desde el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, donde se realizó el procedimiento, podrá llevar una vida normal acudiendo a controles periódicos para monitorizar su condición.
El caso
Durante el segundo trimestre del embarazo, se detectó un latido excesivamente lento del feto y se pudo observar que su corazón estaba dilatado debido a un bloqueo auriculoventricular completo. Esta alteración afecta de manera grave al sistema eléctrico del órgano, impidiendo que los impulsos eléctricos pasen correctamente de una cavidad a otra. Como consecuencia, el corazón late mucho más despacio de lo normal, un fenómeno que se conoce como bradicardia. Esta condición puede provocar una dificultad para hacer llegar una cantidad suficiente de sangre y oxígeno al organismo. Para compensar esta lentitud en el ritmo cardíaco, el corazón aumenta de tamaño, como ocurrió en este caso, según explican desde el hospital.
A partir de este diagnóstico, el equipo médico realizó un seguimiento estrecho del embarazo. A finales de enero, la gestación alcanzó una situación de riesgo que llevó a adelantar el parto. La niña nació el 2 de febrero con un peso de apenas 2,1 kilos y una bradicardia severa que provocó un deterioro clínico con riesgo de fallo cardíaco. Por esta razón, durante sus primeras horas de vida se la sometió a una cirugía para colocarle un marcapasos provisional que consiguió estabilizar su condición, si bien el dispositivo era demasiado grande para su tamaño.
Un marcapasos a medida
Los marcapasos convencionales miden alrededor de seis centímetros. Por su tamaño, que resulta excesivo para el cuerpo de un neonato, pueden causar en los bebés complicaciones relacionadas con la compresión de los órganos o aumentar el riesgo de que sufran infecciones asociadas al tratamiento. Dada esta limitación, el equipo del hospital, de manera conjunta con la empresa Abbott, colaboró en el desarrollo de un marcapasos sincronizado específicamente adaptado a las necesidades de los bebés.
Se trata de un dispositivo de aproximadamente dos centímetros, el más pequeño del mundo en su categoría, que permite estimular y coordinar el latido del corazón de manera adecuada, lo que resulta fundamental para el desarrollo de un órgano infantil, tal como aclaró la doctora Georgia Sarquella-Brugada, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica del hospital. Para poder utilizar este marcapasos, al ser un producto especialmente adaptado al caso, el equipo tuvo que solicitar una autorización urgente a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), petición a la que la entidad respondió en cinco horas.
Horas después del nacimiento, el equipo de cirugía cardíaca, liderado por el doctor Stefano Congiu, realizó la implantación definitiva. En la intervención participaron dieciséis profesionales de distintas especialidades, desde cardiología pediátrica y cirugía cardíaca hasta anestesia o neonatología, además de ingenieros especializados en dispositivos médicos.
«En cardiología pediátrica muchas veces no existen soluciones estándar. Cuando hablamos de un bebé de dos kilos, tenemos que adaptar la tecnología a su tamaño y a su fisiología. Este caso demuestra que la colaboración entre médicos e ingenieros puede marcar la diferencia entre no tener opciones y poder salvar una vida», señala la doctora Sarquella-Brugada.
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