*EL VANDALISMO AMENAZA EL ARTE SUREÑO : 20 AÑOS DE GRAFITIS EN LA CUEVA MERIDIONAL DE LA PENÍNSULA *
EUROPA SUR
En la cima de la ladera meridional de Sierra Carbonera, dentro de un refugio natural de difícil acceso situado en unos terrenos militares, en noviembre hizo 20 años que Yeray, Ángel, Jesús y Darío dibujaron con pintura blanca sus nombres en una pared. Seguramente no lo sabían, pero se encontraban en el abrigo con pinturas rupestres ubicado más al sur de toda la península ibérica, uno de los enclaves más singulares de aquello que Lothar Bergmann llamó Arte Sureño. Desde entonces, a izquierda y derecha aparecieron otras pintadas en negro hasta que en 2021, un tal Eiden también dibujó su nombre, este en verde. Y allí siguen añadiéndose grafitis, año tras año, en torno a una figura esquemática que recuerda a la silueta de un árbol y que permanece como elemento central del imaginario gráfico de las poblaciones que habitaron el sur peninsular durante la Prehistoria reciente. La cueva del Extremo Sur, como la denominaron los investigadores Uwe y Uta Topper cuando la descubrieron allá por 1975, suma dos décadas de vandalismo y bien puede simbolizar el abandono al que las administraciones someten al grupo de pinturas y grabados rupestres al aire libre más importante del mundo.
El último que ha dado la voz de alarma sobre el deterioro del Arte Sureño ha sido el profesor José Juan Yborra, uno de los grandes investigadores de la literatura, el patrimonio y la cultura en el estrecho de Gibraltar, que visitó esta cueva hace unos días y comprobó que persisten los actos vandálicos sin remedio: "Hay abrigos prehistóricos cuya mirada hacia afuera no puede ser más escenográfica; sin embargo, hacia adentro el vandalismo no puede ser más reprobable", escribió Yborra en sus redes sociales. Acompañó la crítica de una fotografía, tomada desde el interior del refugio, de una espectacular vista de La Línea y Gibraltar y otra, desde el exterior, en la que se ve la desprotegida pared en la que se conservan los nombres de Yeray, Ángel, Jesús y Darío; sin que nadie los haya interpretado como una advertencia de lo que está ocurriendo en prácticamente los 400 abrigos que forman el catálogo del Arte Sureño.
Porque uno de los tesoros prehistóricos más importantes del planeta, un legado milenario que abarca todas las expresiones artísticas de la humanidad en la Prehistoria, se enfrenta hoy a un enemigo tan moderno como devastador: el vandalismo. Las cuevas y abrigos con pinturas rupestres sufren desde hace años agresiones que ponen en riesgo la supervivencia de miles de años de historia, mientras espera desde hace casi 30 años su reconocimiento como Patrimonio Mundial de la Unesco. Si algún día lo logra, esto supondría una mayor presión internacional para su conservación, la obligación del Estado de mantener un plan de gestión y protección específico y la supervisión periódica por parte de organismos internacionales. Además de acceso a ayudas internacionales y europeas y, por tanto, mayor inversión en conservación, cerramientos, vigilancia y restauración, así como en proyectos de investigación arqueológica más estables. También fomentaría un turismo cultural y arqueológico de calidad, con la regulación del acceso a los yacimientos y la creación de centros de interpretación y rutas controladas.
En 1998, la Unesco sí incluyó en la lista del Patrimonio Mundial el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, reconociendo así la importancia de dar a conocer y salvaguardar estas expresiones milenarias de la creación humana. Un gran conjunto de arte rupestre (arte paleolítico, arte levantino, arte esquemático, arte macroesquemático), desde los Pirineos hasta la provincia de Granada, consiguió de esta manera una protección importante. Quedaron fuera de esta medida los conjuntos artísticos de las provincias de Cádiz y de Málaga porque la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía rehusó entonces solicitar su inclusión. Lugares tan importantes como la cueva de la Pileta, la cueva de Nerja, la cueva de Ardales o la Cueva del Moro, que también pertenecen al arco mediterráneo, quedaron fuera de esta lista.
Bergmann ya dijo entonces que sin la incorporación del Arte Sureño no se podía hablar realmente de un Arco Mediterráneo, pero nadie lo atendió. Tampoco años después, cuando continuó la petición de que fuera incluido.
En 2000, la Asociación Gaditana para el Estudio y la Defensa del Patrimonio Arqueológico (AGEDPA) entregó en el Parlamento Andaluz para cada uno de los 109 diputados un CD con una amplia información sobre este importante patrimonio histórico. En la carta que acompañó al CD se pidió a los parlamentarios que hicieran las gestiones necesarias para conseguir la incorporación. No lo hicieron.
El 25 de abril de 2001, la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar aprobó la solicitud, dirigida a las autoridades competentes, de instar a la inclusión. También la comisión de gobierno de la Mancomunidad de Municipios de la comarca de La Janda acordó, en su reunión del 20 de noviembre de 2003, adherirse a la propuesta.
La Comisión de Cultura del Parlamento de Andalucía aprobó el 25 de mayo de 2006 por unanimidad, con los votos de todos los grupos parlamentarios, la propuesta del grupo parlamentario de Izquierda Unida, que pedía el inicio de los trámites oportunos que permitieran que el arte rupestre de las provincias de Málaga y de Cádiz (Arte Sureño) fueran incorporados a la lista del Patrimonio Mundial de las Unesco. La Diputación de Cádiz, a propuesta del propio PSOE e IU, instó en mayo de este año a los organismos y administraciones competentes en el mismo sentido. De nuevo no tuvieron éxito.
Más agresiones
Las agresiones vandálicas no son un fenómeno aislado. En la cueva de Atlanterra, por ejemplo, pinturas de hasta 18.000 años fueron dañadas por grafitis realizados con piedras, que rayaron figuras paleolíticas y neolíticas. El problema también afecta a otros abrigos del Campo de Gibraltar. El aumento de visitantes ha dejado cavidades como las del Arca y Betín en un “estado de conservación lamentable”, obligando a plantear su aislamiento para evitar nuevos daños. Los expertos advierten de que la falta de protección efectiva facilita este tipo de agresiones. Muchos yacimientos carecen de cerramientos, vigilancia o señalización adecuada, lo que permite el acceso libre a espacios extremadamente frágiles.
Bacinete, uno de los enclaves más importantes del arte rupestre del sur de la península ibérica, sufre desde hace años el problema. En distintos momentos se han documentado pintadas modernas, incisiones y alteraciones en el entorno inmediato de los paneles rupestres, algunas de ellas realizadas directamente sobre superficies próximas a las representaciones originales. Este tipo de actos no solo deteriora el soporte rocoso, sino que altera de forma irreversible el contexto visual y simbólico del conjunto.
El vandalismo no es la única amenaza, pero sí una de las más visibles. Los especialistas alertan de que incendios, cambio climático, pérdida de vegetación y libre acceso están acelerando el deterioro del Arte Sureño. Solo una pequeña parte de los 400 abrigos existentes cuenta con protección física. La falta de conciencia social y de medidas institucionales suficientes ha contribuido a esta situación. Para los investigadores, el riesgo es claro: sin actuaciones urgentes, este legado podría perderse de forma irreversible.
El Arte Sureño es una “enciclopedia de la prehistoria” escrita sobre piedra. Cada trazo, cada figura y cada símbolo son testimonios irrepetibles de quienes habitaron el sur de la península hace miles de años.
Su supervivencia no depende solo de leyes o candidaturas internacionales, sino también de la responsabilidad colectiva. La pregunta que queda en el aire es incómoda pero urgente: ¿seremos la generación que lo proteja… o la que permita su desaparición?



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