LA VOZ DE ALMERÍA
/ LLEGA EL CALOR Y LA SANDÍA TEMPRANA DE ALMERÍA: "ESTOY REMONTAO" DE CONTENTO /
El 13 de diciembre del pasado 2025, José Ayala plantaba en sus invernaderos las matas de sandía. Algo menos de cinco meses después, concretamente este pasado jueves 9 de abril, los cortadores de Agroiris entraban en la finca para realizar su labor. “Las sandías están espectaculares”, dicen con una guadaña específica para cortar el rabillo que une el fruto de la mata. Con ese sencillo gesto, como si de cortar la cinta inaugural de una carrera se tratara, quedaba inaugurada la temporada de la sandía en Almería.
Y es que este agricultor de Alboloduy que tiene su finca pasado Ruescas, es cada año el primero en meter género en los mercados. Por eso es tan valiosa la sandía temprana de Almería y tan difícil de producir. Mientras en Centroeuropa todavía van con el chaquetón, el Campo de Níjar ya está produciendo una sandía de máxima calidad y un dulzor bárbaro. “Este año están aún más dulces que el pasado, tienen 14 grados brix”, asegura el producto con una sonrisa de oreja a oreja.
La experiencia es un grado y eso se nota en la finca de José. De hecho, el agricultor se aventuró a poner fecha de recogida el 25 de enero, cuando salió en un reportaje sobre esta misma plantación que ahora está dando sus frutos en tiempo y forma, y acertó de pleno. “Todo depende del mes de marzo, si sigue hace frío o se presentan unos días bonicos que adelanten la cosecha. Con el frío la mata se para. Si cuando el cuaje llega el frío, la planta se estresa y las sandías no crecen. Eso nos retrasa no sólo la fecha de recogida, sino también el rebrote”, apuntaba a comienzos de año. Y ha acertado de pleno.
Ésa ha sido una de las claves del éxito. Una buena plantación, el tiempo ha acompañado cuando llega el momento del cuaje y luego está la sapiencia y la sabiduría de un productor al que le “encanta” su trabajo. No hay nada más que ver cómo en la cesta de su bicicleta lleva todos los utensilios necesarios para ir haciendo los pequeños arreglos que el invernadero necesita.
Un sandía dulce como el caramelo
“Mi deseo es que la persona que pruebe una sandía mía, diga qué dulce está, qué dulce. Le doy mucho cariño y mucho amor para que estas sandías sean especiales porque me gusta mucho mi trabajo”, decía pletórico desde uno de los rincones del invernadero donde más sandías se acumulaban a la espera de que los cortadores hicieran su labor: “Estoy muy orgulloso. Hoy estoy remontao de contento, remontao de contento. A mis hijos los quiero enseñar para el día de mañana, si yo no estoy aquí, que ellos también lo hagan con el mismo cuidado y la misma buena voluntad que le pongo yo”, decía José que echaba la vista atrás y recordaba el año que tuvo que venderlas a 0,47 euros, tres veces menos de lo que están ahora mismo: “Fue el año de la pandemia, durísimo para todos, pero aquí estuvimos trabajando nosotros y aportamos nuestro granito de arena”.
No sólo es la calidad de la sandía lo que ha mejorado este año, sino que la producción también ha crecido. El año pasado el almeriense produjo unos 50.000 kilos/hectárea y para éste espera llegar a los 65.000. “La sandía tiene cinco o seis trucos ayudan en su producción: hay que tener también la humedad en el techo, la ventilación, su comida en vía foliar, productos registrados para que coja grados brix, la máquina de riego, controlar mucho las plagas... Es un trabajo costoso, diario, pero muy agradecido”, apostilla José que quiere alabar el gran trabajo, limpio de productos prohibidos, que se realiza en el campo almeriense: “Antes de que haya una plaga hay que hacer un tratamiento, siempre con productos registrados en el mercado, en la Unión Europea, puesto que en países terceros no respetan esta normativa. Las frutas y hortalizas españolas van limpias de pesticidas y insecticidas agresivos, nosotros usamos productos registrados en la UE, y eso es clave para la seguridad alimentaria”, asegura rompiendo una lanza por el producto nacional.
Rebrote para comienzos de verano
Con los torillos sacando miles de kilos de la finca, José ya mira al rebrote de la sandía. “Ahora quiero limpiar bien todo el invernadero. Le voy a meter agua de 0,7 de productividad, agua muy buena, muy dulce, para lavar el suelo porque está fuerte de sales. Para la maduración, siempre hay que meterle agua dura y mucho sulfato y potásico. Ahora lavo el suelo, le echo un aminoácido, la mata se enternece, vuelve a echar flores y a coger de nuevo. Si Dios me da salud, para la primera semana de junio las cortamos”. ¿El precio? “El que Dios quiera”, ojalá que sea muy alto.

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