LA VOZ DE LA SALUD
/ ASÍ TRABAJAN LOS QUE CUIDAN LAS BOCAS MÁS VALNERABLES /
a principal causa de muerte en pacientes con discapacidad física severa son las neumonías por aspiración. Como no se mastica y digiere bien la comida, algún resto alimenticio se cuela por el tubo respiratorio y no por el digestivo, dirigiéndose hacia el pulmón y provocando una neumonía», afirma Pedro Diz Dios, catedrático de Odontología en Pacientes Especiales en la Universidad de Santiago (USC). A esta circunstancia se le suma que «a muchos de estos pacientes, el hecho de que no se pueda hacer una limpieza bucal con facilidad, se les acumula placa; tienen unos bloques que se pueden desprender y hacer también aspiración». Dos posibles situaciones que resumen a la perfección la labor que cumple la Unidad de Odontología para Personas con Necesidades Especiales que él mismo dirige, fundada en el 1992. En ese año se atendieron 700 consultas. «Ahora, nuestra capacidad resolutiva está en torno a las 1.000», confiesa. A ella acuden pacientes de toda Galicia cuyas condiciones médicas, conductuales o estrictamente odontológicas, dificultan su manejo en una clínica convencional.
La labor es frenética. Después de una pequeña recepción, existen dos salas, cada una de ellas con un sillón dental y su sistema de suministro de piezas de mano. No existe el taburete para el dentista, porque las necesidades de las personas que ahí se sientan impiden utilizarlo. En su lugar, dos profesionales: una que se encarga de estabilizar y entretener al paciente para que abra la boca, y otra que se encarga de la intervención odontológica pertinente.
Un trabajo intensivo
En esa mañana en la que La Voz visita la unidad, Noelia Ferreiro intenta distraer a un niño con discapacidad mientras su compañera Aldara Alonso lleva a cabo un tratamiento con flúor. «É un neno que vén ás revisións porque levou un traumatismo e facemos unha radiografía normalmente. Xa fixemos unha antes. Agora estivemos poñéndolle flúor para protexer un pouco os dentes e que non haxa caries nin nada», explica Alonso. «Cinco, cuatro, tres...», cuenta su compañera distrayendo al pequeño. «Normalmente traballamos con descansos, para que eles sepan cando vai a parar, porque ás veces están un pouco nerviosos. Imos parando cada pouco, dependendo do neno, cada dez ou cada cinco segundos, máis ou menos», añade Alonso. Una vez terminado el proceso, Ferreiro saca una caja grande llena de juguetes y el niño elige un coche. Una pequeña recompensa por haberlo logrado.

En la sala conjunta, Clara Rodríguez, tutora clínica, y su compañera Anabel Jiménez, atienden a otro pequeño. «Estamos con Cristian, que es un paciente muy colaborador, y realizamos un tratamiento mínimamente invasivo, una microabrasión en unas manchitas que tiene, que le va a mejorar mucho a nivel estético. Son varias sesiones, pero él ya está acostumbrado a venir y lo hace fenomenal, la verdad es que nos ayuda un montón», comenta Rodríguez.
«No podemos plantear esto como un odontólogo de atención primaria que, a lo mejor, puede citar un paciente cada quince minutos. Aquí necesitamos tiempo y paciencia. A veces empezamos a trabajar ya en la puerta, porque se sientan en el suelo del pasillo y hay que empezar a intervenir ahí, o incluso hacer sesiones de desensibilización previas, poniéndonos de acuerdo con los centros», sostiene Diz.
Sobre estas últimas experiencias, menciona una reciente y muy satisfactoria, con el centro de Aspanaes (Asociación de Padres de Personas con Trastorno del Espectro Autista) de Santiago: «Hicimos unas jornadas de desensibilización con los chicos. Entrenan en el centro y, una vez al mes, vienen aquí. Conseguimos que pacientes que, a priori, todos tenían que ir a anestesia general, después de cinco a siete sesiones, de un grupo de 17, todos se dejaron explorar la boca. Esto implica que podríamos ahorrar muchos recursos y listas de espera si pudiésemos entrenar a los pacientes», relata Diz. La experiencia fue tan buena que cuando renovaron los sillones de la unidad, uno fue donado a la asociación para que puedan seguir entrenando.
Juana María es hermana de Natividad, paciente con síndrome de Down, que espera su turno para poder entrar. No es la primera vez lo que hace. En realidad, es una veterana. «Non me acordo moi ben, pero creo que dende o ano 1995, incluso antes». Cuando se le pregunta por la unidad, remarca que «son moi especiais para estos rapaces; son tan amables e cariñosos con eles que consiguen que se atopen relaxados e é onde mellor os tratan». De hecho, Juana dice quedar «moi tranquila» fuera, mientras atienden a su hermana, que dice considerar una hija desde que sus padres fallecieron. «Esta xente ten un don, axúdannos moito».

«Tenemos una relación más allá de los dientes con las familias. Nos llaman, nos avisan ante cualquier hallazgo que ven, nos mandan fotos para consultar ciertas cuestiones... Incluso nos han llegado a avisar de fallecimientos de pequeños que hemos atendido cuando están muy malitos», confirma el director de la unidad. Diz pone en valor la calidad de vida de estos pacientes: «Muchos no pueden explicar lo que les sucede; por ejemplo, un niño con autismo, o pacientes que no pueden cerrar la boca y se baban, todas estas situaciones hay que manejarlas».
Quién acude a esta unidad
«Los pacientes que vemos aquí no se pueden atender en un ambiente tradicional. La mayoría de ellos, por falta de colaboración, por problemas de comportamiento. De hecho, muchas de las intervenciones se llevan a cabo en ambiente hospitalario. Todas las semanas tenemos pacientes que deben ser atendidos con anestesia general, en quirófano, o con una sedación profunda», explica Diz. Unas circunstancias difícilmente manejables en odontología privada. «Cuando algún compañero se encuentre con un paciente comprometido de difícil manejo, acaba llegando a nosotros», añade.
De esta forma, existe una estrecha colaboración entre la Unidad de Odontología para Personas con Necesidades Especiales de la USC con el Hospital Provincial de Conxo desde hace treinta años. «También hacemos alguna cosa en el Hospital Clínico aprovechando la anestesia general para otros procedimientos fuera de la boca; ahí podemos actuar para aprovechar el acto quirúrgico e intervenir nosotros», expone el director de la unidad.
Otra relación particularmente estrecha es la que tienen con la uci de Pediatría. «De forma puntual, niños que tienen mucho dolor que les ocasiona un trastorno conductual grave, porque pueden autolesionarse o dejar de comer radicalmente, lo gestionamos con ellos para que se pueda llegar a hacer una sedación profunda y resolvemos, por lo menos, el problema agudo de una forma rápida, sin tener que pasar por una lista de espera más prolongada». Para que este tipo de intervenciones más complejas se lleven a cabo se necesita más tiempo. «Particularmente, las anestesias generales son complicadas porque solo podemos atender a dos pacientes a la semana. A veces no es fácil, entre comillas, invitarle al quirófano, cogerle una vía y esperar a que se recupere, simplificándolo mucho. Eso nos permite programar dos pacientes en una sesión completa de una mañana, y tenemos una jornada a la semana, podemos hacer unas cincuenta anestesias generales al año», dice.
Profesionales que son voluntarios
El equipo que conforma la unidad de odontología para pacientes con necesidades especiales es amplio, multidisciplinar y en la mayoría de los casos, altruista. «En ese sentido, nos parecemos más a una oenegé que a una institución académica, porque muchos profesionales que hacen su labor aquí lo hacen como voluntarios, con una formación específica en esta especialidad, en pacientes especiales», asegura su director. Le acompaña Jacobo Limeres, que ejerce la coordinación clínica como especialista en odontopediatría, Javier Fernández, que se encarga del tratamiento hospitalario y de rehabilitaciones complejas; Márcio Diniz, cirujano; Berta Rivas , estomatóloga; «y no me quiero olvidar de nadie, pero somos unos cuantos», dice entre risas Diz. «Algunos somos profesores estables, que tenemos plazas vinculadas. En concreto yo soy el único que tengo plaza vinculada a tiempo completo con el Sergas y la universidad, ya que el doctor Fernández, por ejemplo, la tiene compartida, entre su plaza de ambulatorio aquí al lado y nosotros, dividendo a la mitad su tiempo asistencial».

«El resto de personas que están aquí están vinculadas con la USC o lo han estado, y en su mayoría, la actividad asistencial que desarrollan es voluntaria. Normalmente, es altruismo puro lo que se hace aquí», subraya el director de la unidad. Eva González Rial, técnica e higienista dental, «lleva casi desde el principio con nosotros» y está todos los días, pero el resto, suele ir alternándose. «Digamos que existe una especie de régimen rotatorio porque cada uno es especialista en un tipo de procedimiento determinado y cada día de la semana tenemos compañeros distintos», amplía Diz.
Una unidad única en Galicia
«La única unidad que hay en el servicio público, hasta donde yo sé, es la nuestra», asegura Diz. En el 2024 se aprobó, a nivel nacional, un nuevo catálogo de prestaciones donde se hace hincapié en la asistencia odontológica a personas con discapacidad. «A partir de ahí, me consta que ha existido algún intento de ampliar a tres unidades en Galicia lo que hacemos aquí, pero hasta hoy, que yo sepa, no hay nada en marcha. Ojalá se pongan cuanto antes y no tenga que venir una persona desde A Guarda para que a su hijo le hagamos un empaste, por decirlo de una forma simplista», añade el director de la unidad. Conseguir esta ampliación también reduciría las listas de espera que, ahora mismo, por la vía convencional —es decir, casos que no requieren urgencia— es de seis meses.
A Diz le queda poco para jubilarse. Una idea que le «fascina» y, a la vez, le preocupa. No por su futuro, sino por el de la unidad. «Necesitamos tres o cuatro personas estables en plantilla. No cabe duda de que lo que se hace aquí es vocacional, pero el personal que trabaja aquí no puede estar, la mayoría, sin cobrar». En su opinión, la unidad también debería ubicarse en un entorno hospitalario y no en la facultad. «Son pacientes que pueden tener una complicación médica y van a requerir recursos de otras especialidades. Casi todas las semanas tenemos un niño que está hospitalizado por alguna patología y aparece un problema en la boca. No tiene sentido que nosotros seamos unos ‘‘invitados'' allí, ni que otras veces, como ha ocurrido, vengan los pequeños en ambulancia para que les tratemos aquí», detalla Diz. «Hace unos años ya tuve esta conversación con el conselleiro de Sanidade, y le dije que con el coste de un trasplante de hígado, manteníamos esta unidad todo el año», concluye.
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