LA VOZ DE LA SALUD
GLORIA SUFRIÓ UN ICTUS HEMORRÁGICO: "AUNQUE NO PUEDO CAMINAR BIEN, LO QUE MÁS ME CONDICIONA ES LA CEFAELA CRÓNICA".
Después de padecer durante una semana dolores de cabeza y cervicales, «el médico me dijo que era estrés»; en realidad, eran los primeros síntomas de un accidente cerebrovascular
Gloria Lucía Vanegas, vecina de Vigo de 59 años, recuerda esa fatídica semana del 2023 en la que sufrió constantes dolores de cabeza y cervicales. «Fui al médico y me mandaron unas pastillas, me dijeron que era estrés», relata. Pero las molestias no disminuyeron. Un día, en el trabajo, le trasladó a una compañera que tenía que ausentarse porque no era capaz de seguir con la jornada y, por el camino, paró en la panadería de su consuegra. «Le dije que no me encontraba bien y me dejó en el médico mientras ella intentaba aparcar el coche». Allí, mientras esperaba su turno, «una chica que estaba pidiendo cita vio que mi mano izquierda se estaba cayendo; me preguntó si era capaz de sostenerla y, no, me resultaba imposible». La joven llamó rápidamente a una doctora y «recuerdo que me estuvo haciendo preguntas. Me tocaba una parte del cuerpo y me decía: ‘¿Sientes?'. Y me pidió un teléfono para llamar a un familiar». A partir de ahí, todo se volvió a negro. Gloria se despertó casi dos meses después con la noticia: había sufrido un ictus hemorrágico.
Estuvo mucho tiempo intubada. «Se me complicó mucho. Cogí una bacteria mientras estaba ingresada, también una neumonía. A mi hija llegaron a decirle que no salía de ahí y que si lo hacía, me quedaba como un vegetal», confiesa. Gloria sí lo hizo, pero con una hemiplejia izquierda, una parálisis de este lado de su cuerpo causada por la lesión en el hemisferio derecho. Además, le explicaron que fue sometida a una intervención en la que le retiraron una parte del cráneo. «La guardaron en una especie de congelador y a los seis o siete meses, me la volvieron a colocar», explica.
El proceso de rehabilitación
Gloria lamenta que recibió muy poca rehabilitación por parte de la Seguridad Social, sobre todo al principio, cuando estuvo ingresada en el hospital. «Si me la hubieran dado, seguro que estaría mucho mejor, pero no la recibí a tiempo, sino al mes y medio y muy pocas sesiones», asegura. Así, llegó a la asociación de daño cerebral Alento por la recomendación de una amiga que padece una enfermedad rara, hace dos años. Patricia Rodríguez, neuropsicóloga y directora del centro de día, confiesa que «su proceso de rehabilitación a nosotros también nos sorprende, porque tuvo muy poco tiempo teniendo en cuenta la gravedad de su ictus; y tampoco tuvo atención psicológica». Por su parte, Gloria, se deshace en halagos hacia el centro: «Yo, que no tengo a mi familia cerca, para mí lo son todos los profesionales y compañeros que hay aquí».
La vida de Gloria ha dado un giro de 180 grados. «He estado casi dos años encerrada en mi casa. Siempre he sido muy activa y ahora me paso casi todo el tiempo parada. Quizás lo que más triste me pone es que no puedo salir a la calle sola, tengo que ir con alguien porque me da mucho miedo». Hace unas semanas recibió el préstamo de una silla eléctrica para poder moverse, «pero no tengo por dónde ir». Vive en un barrio donde las aceras son muy estrechas e inaccesibles. «Y como me la dejaron un tiempo, ahora la tengo que entregar. No me queda otra: de nuevo encerrada en casa», lamenta.
Las secuelas
Gloria no tiene sensibilidad en la parte izquierda de su cuerpo, ni en el rostro. Al pasar tanto tiempo intubada y posiblemente también como secuela de la operación, se dislocó la mandíbula. Pero si tiene que subrayar una secuela que condiciona su día a día, es la cefalea crónica que sufre. «El dolor es constante y muy fuerte, desde que me pusieron el hueso en la segunda operación. Me han hecho TAC y resonancias, pero no han sabido identificar la causa exacta», comenta.
Intenta mantenerse optimista, pero reconoce que es un dolor «que no me deja vivir»: «No puedo toser, no puedo estornudar, no puedo comer, tengo que tomar sopas o cosas muy diluidas. Por no hablar de intentar dormir, es imposible. Es un dolor como si se me desgarrara todo por dentro. Aunque no puedo caminar bien, lo que más me condiciona ahora mismo es esta cefalea».
Por su parte, Rodríguez considera que, a la hora de abordar el ictus en las mujeres, «queda mucho camino por recorrer a nivel clínico, se deben hacer más estudios en nosotras». Menciona que síntomas que son más invisibles «en comparación a los que todos conocemos, como debilidad en una parte del cuerpo, asimetría en la boca o no poder hablar de forma correcta; todos estos son muy evidentes, pero los hay que se disfrazan más, como por ejemplo, cefalea, mareos y cansancio extremo que se puede llegar a sentir antes». Bajo su atenta mirada, pone como ejemplo a Gloria: «En su caso, visitó varias veces el centro médico y le decían que podría ser estrés, cuando en realidad, eran signos iniciales de un ictus».
A pesar de haber perdido la movilidad en la parte izquierda de su cuerpo, Gloria confía en poder mejorar un poco más la movilidad gracias a la rehabilitación. «No quedaré al cien por cien, pero tengo ganas», exclama. Lo que más le preocupa es que su cefalea crónica no cese. «Si no fuera por el dolor de cabeza, estaría mucho mejor. Pero tomo pastillas todo el día y no me alivian nada. La no sensibilidad de la parte izquierda lo voy llevando, pero eso es lo peor». Es el otro impacto del ictus, más allá del físico: el psicológico. «Agradezco estar viva, pero creo que esto no es vida».
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